Alzamos la vista hacía la ventana más cercana. Sólo el gris es capaz de contar historias en días así sin decir una sola palabra al viento. Ya en la calle, el suelo vive ahogado por charcos que la gente evita al pisar para no manchar sus propias vergüenzas. Es el tiempo donde los árboles terminan de mudar sus últimas hojas para dar paso al verde más demoledor que existe. La primavera comienza a echar sus dientes de leche al ritmo de una incesante gota. Sólo 60 pisadas.
